¡Diatriba! (El desencanto y los acordes menores)

En la película El desencanto (1976), Jaime Chavarri trató de poner algo de coherencia a las horas y horas de cinta donde la familia Panero sacaba sus miserias. El fastuoso pasado familiar se desmoronaba ante la cámara. Los recuerdos brillantes, pero llenos de agonía de la madre, Felicidad Blanch se mezclaban con la tristeza, el reproche, el resentimiento y el caos de sus vástagos, que dibujaban un presente y vislumbraban un futuro que no sonaba nada brillante.
Una teoría algo simplista y demagógica apareció en mi cabeza hace poco, como una ocurrencia delirante. Hay un cierto tipo de grupos que florecen en épocas de crisis, en que el esplendor decae, las viejas ilusiones se desmoronan y solo pueden mirarse las cosas con una mueca sardónica. Cuando la luz de los padres ciega, los hijos solo tienen sitio en el pesimismo, el escepticismo y la oscuridad.
Algo así pasó con el punk. La transgresora música psicodélica de los sesenta había tirado hacia los derroteros del sinfonismo grandilocuente y el virtuosismo jazz y el punk nació con una reacción, una catarsis ante las tendencias al elitismo instrumental y la vacuidad de los mensajes, alejados del sentimiento general de una juventud depauperada. Como suele suceder con lo catártico, es de corta duración y bien pronto da los signos de repetición y adocenamiento contra los que el movimiento se había alzado y el miedo al sinsentido y la autoparodia trazan un camino sin vuelta atrás.
En el ejemplo del punk, mientras los “disidentes” del movimiento tuvieron fines breves (The Only Ones, The Soft boys) o tuvieron que esperar a nuevos tiempos para que se les tomara en consideración (The Stranglers, XTC), los fieles que aún tenían inquietudes (Wire, Buzzcocks, Sex Pistols) solo tuvieron un camino, el post-punk, etiqueta que acabó defiendo una música menos inmediata y furiosa, más matizada y radical, pero también más siniestra, desencantada e irónica. Los héroes del género, como John Lydon o Howard Devoto, buscaron nuevas formas de expresión, como PIL o Magazine, formas radicalmente innovadoras, y devastadoramente oscuras, que abrieron los pasos a la horda de siniestros y estos, quizá a través de la transición Joy División – New Order, se subieron al carro del tecnopop, que reinaría en los ochenta.
Las transiciones oscuras son casi la evolución natural de los géneros, que, incapaces de volver a los discursos ingenuos que los precedieron, solo tienen el camino de la ironía y el desencanto, antes de que una nueva generación se libre de las estrecheces en las que la anterior se había metido. En mi impresión, eso ha pasado, a grandes rasgos, con el pop español. Pasó al pasar de los ochenta (punks que acabaron tomando la radiofórmula) a los noventa, pasó de los noventa a los dosmil (cuando el tontipop y la herencia “Family” alcanza su máxima expresión) y está pasando ahora.
Actualmente, mientras los viejos héroes del indie patrio buscan caminos cada vez más luminosos (Nacho Vegas, Antonio Luque), los grupos “nuevos” que han logrado asomar la cabeza por entre la alargada sombra de aquella época dorada de los noventa tienen unas ciertas características comunes. Grupos como Los Punsetes, Manos de topo, Triangulo de amor bizarro, o Klaus & Kinski muestran quizá en común esa querencia por la ironía y el desencanto como único espacio cuando la ingenuidad y la sinceridad sin reveses ha quedado como algo de lo que huir. Mientras estos grupos citados han sido capaces de encontrar un espacio personal y propio, también han propiciado la aparición de una tendencia a sobrevalorar una cierta actitud, más tosca, más caricaturesca y con menos mensaje, como única cosa a aplaudir por un público y una vieja prensa cada vez más envejecidos y revenidos. Una tendencia a ver como positivo que nada suene a pop, que todo se cante mal, que predominen canciones en armonías menores o disonantes, con letras tristes y que rehúyen a toda costa del optimismo y la inocencia.
Creo que muchos de estos grupos se hundirán en su propia actitud y encorsetamiento, y solo sobrevivirán los pocos que encuentren un discurso más allá de la pose. Como los antes citados New Order, tendrán que enfrentarse a una elección difícil, hallar un camino que sea fiel con su pasado, pero también que permita un futuro, (asumiendo que perderán fans y ganarán detractores por el camino).
Habrá que ver que pasos dan Punsetes, Manos de topo o TAB en el difícil momento del tercer disco. Parece que Klaus & Kinski ya han encontrado en el eclecticismo desprejuiciado la salida para evitar su autodigestión, aunque en este caso, el riesgo pueda ser que el chiste de una canción-un genero, acabe sonando artificial y vacío.
Habrá que ver también si grupos que han continuado bebiendo de esta actitud llamémosla “post-punk”, como Claveles, Juanita y los Feos, Kokoshka, Montaña, Pelea! y, hasta cierto punto, Espanto encuentran un camino más allá del continuismo y se abren paso con un mensaje genuino, que pasa, como ya se ve en algunos de los pasos que han dado, por dejar atrás ciertos tics manidos.
Por útlimo queda pendiente ver si toda esa ornada de grupos nuevos, que no vivimos los noventa en nuestras carnes y carecemos por tanto de ciertos prejuicios hacia el “revivalismo”, grupos que hemos decidido hacer pop tirando de algunos patrones más o menos clásico también encontramos un sitio propio. También habrá que ver si sobrevivimos al rechazo y al ninguneo al que a veces nos ha sometido parte del público y los medios, ávidos aún de una cierta pose, una cierta forma de hacer letras, un cierto distanciamiento afectivo.

(Ingenieros Alemanes)
Supongo que también muchos de los Hazte Lapón, Rusos Blancos, Ingenieros Alemanes, Cosmen Adelaida, Alborotador Gomasio, Autócratas, Grushenka, Lecciones de vuelo y demás nos quedaremos en el camino, bien por llegar demasiado pronto, bien por no acabar de encontrar un discurso con calidad y originalidad suficiente para hacerse notar en un mundo más sobresaturado de ofertas que nunca. El tiempo lo dirá.

(Hazte Lapón)
Evidentemente, el riesgo de hacer repasos breves y demagógicos es ser simplista y reduccionistas y yo sé que lo he sido. Pero si que creo que es hora de dar el paso, de dejar atrás el desencanto y los acordes menores, de tratar de hacer ese relevo generacional, de no pedir perdón por hacer pop, ni buscar coartadas. Y que sea lo que dios quiera.
Yo, como decían los Planetas cuando aún eran ingenuos, prefiero estar muerto que aburrirme así, quiero probar algo nuevo (aunque lo nuevo sea al final más viejo que tebeo).