¡Diatriba! (El desencanto y los acordes menores)

 

 

 

En la película El desencanto (1976), Jaime Chavarri trató de poner algo de coherencia a las horas y horas de cinta donde la familia Panero sacaba sus miserias. El fastuoso pasado familiar se desmoronaba ante la cámara. Los recuerdos brillantes, pero llenos de agonía de la madre, Felicidad Blanch se mezclaban con la tristeza, el reproche, el resentimiento y el caos de sus vástagos, que dibujaban un presente y vislumbraban un futuro que no sonaba nada brillante.

 

Una teoría algo simplista y demagógica apareció en mi cabeza hace poco, como una ocurrencia delirante. Hay un cierto tipo de grupos que florecen en épocas de crisis, en que el esplendor decae, las viejas ilusiones se desmoronan y solo pueden mirarse las cosas con una mueca sardónica. Cuando la luz de los padres ciega, los hijos solo tienen sitio en el pesimismo, el escepticismo y la oscuridad.

 

Algo así pasó con el punk. La transgresora música psicodélica de los sesenta había tirado hacia los derroteros del sinfonismo grandilocuente y el virtuosismo jazz y el punk nació con una reacción, una catarsis ante las tendencias al elitismo instrumental y la vacuidad de los mensajes, alejados del sentimiento general de una juventud depauperada. Como suele suceder con lo catártico, es de corta duración y bien pronto da los signos de repetición y adocenamiento contra los que el movimiento se había alzado y el miedo al sinsentido y la autoparodia trazan un camino sin vuelta atrás.

En el ejemplo del punk, mientras los “disidentes” del movimiento tuvieron fines breves (The Only Ones, The Soft boys) o tuvieron que esperar a nuevos tiempos para que se les tomara en consideración (The Stranglers, XTC), los fieles que aún tenían inquietudes (Wire, Buzzcocks, Sex Pistols) solo tuvieron un camino, el post-punk, etiqueta que acabó defiendo una música menos inmediata y furiosa, más matizada y radical, pero también más siniestra, desencantada e irónica. Los héroes del género, como John Lydon o Howard Devoto, buscaron nuevas formas de expresión, como PIL o Magazine, formas radicalmente innovadoras, y devastadoramente oscuras, que abrieron los pasos a la horda de siniestros y estos, quizá a través de la transición Joy División – New Order, se subieron al carro del tecnopop, que reinaría en los ochenta.

 

Las transiciones oscuras son casi la evolución natural de los géneros, que, incapaces de volver a los discursos ingenuos que los precedieron, solo tienen el camino de la ironía y el desencanto, antes de que una nueva generación se libre de las estrecheces en las que la anterior se había metido. En mi impresión, eso ha pasado, a grandes rasgos, con el pop español. Pasó al pasar de los ochenta (punks que acabaron tomando la radiofórmula) a los noventa, pasó de los noventa a los dosmil (cuando el tontipop y la herencia “Family” alcanza su máxima expresión) y está pasando ahora.

 

Actualmente, mientras los viejos héroes del indie patrio buscan caminos cada vez más luminosos (Nacho Vegas, Antonio Luque), los grupos “nuevos” que han logrado asomar la cabeza por entre la alargada sombra de aquella época dorada de los noventa tienen unas ciertas características comunes. Grupos como Los Punsetes, Manos de topo, Triangulo de amor bizarro, o Klaus & Kinski muestran quizá en común esa querencia por la ironía y el desencanto como único espacio cuando la ingenuidad y la sinceridad sin reveses ha quedado como algo de lo que huir. Mientras estos grupos citados han sido capaces de encontrar un espacio personal y propio, también han propiciado la aparición de una tendencia a sobrevalorar una cierta actitud, más tosca, más caricaturesca y con menos mensaje, como única cosa a aplaudir por un público y una vieja prensa cada vez más envejecidos y revenidos. Una tendencia a ver como positivo que nada suene a pop, que todo se cante mal, que predominen canciones en armonías menores o disonantes, con letras tristes y que rehúyen a toda costa del optimismo y la inocencia.

 

Creo que muchos de estos grupos se hundirán en su propia actitud y encorsetamiento, y solo sobrevivirán los pocos que encuentren un discurso más allá de la pose. Como los antes citados New Order, tendrán que enfrentarse a una elección difícil, hallar un camino que sea fiel con su pasado, pero también que permita un futuro, (asumiendo que perderán fans y ganarán detractores por el camino).

 

Habrá que ver que pasos dan Punsetes, Manos de topo o TAB en el difícil momento del tercer disco. Parece que Klaus & Kinski ya han encontrado en el eclecticismo desprejuiciado la salida para evitar su autodigestión, aunque en este caso, el riesgo pueda ser que el chiste de una canción-un genero, acabe sonando artificial y vacío.

 

Habrá que ver  también si grupos que han continuado bebiendo de esta actitud llamémosla “post-punk”, como Claveles, Juanita y los Feos, Kokoshka, Montaña, Pelea! y, hasta cierto punto, Espanto encuentran un camino más allá del continuismo y se abren paso con un mensaje genuino, que pasa, como ya se ve en algunos de los pasos que han dado, por dejar atrás ciertos tics manidos.

 

Por útlimo queda pendiente ver si toda esa ornada de grupos nuevos, que no vivimos los noventa en nuestras carnes y carecemos por tanto de ciertos prejuicios hacia el “revivalismo”, grupos que hemos decidido hacer pop tirando de algunos patrones más o menos clásico también encontramos un sitio propio. También habrá que ver si sobrevivimos al rechazo y al ninguneo al que a veces nos ha sometido parte del público y los medios, ávidos aún de una cierta pose, una cierta forma de hacer letras, un cierto distanciamiento afectivo.

 

 

(Ingenieros Alemanes)

 

Supongo que también muchos de los Hazte Lapón, Rusos Blancos, Ingenieros Alemanes, Cosmen Adelaida, Alborotador Gomasio, Autócratas, Grushenka, Lecciones de vuelo y demás nos quedaremos en el camino, bien por llegar demasiado pronto, bien por no acabar de encontrar un discurso con calidad y originalidad suficiente para hacerse notar en un mundo más sobresaturado de ofertas que nunca. El tiempo lo dirá.

 

 

 

(Hazte Lapón)

 

Evidentemente, el riesgo de hacer repasos breves y demagógicos es ser simplista y reduccionistas y yo sé que lo he sido. Pero si que creo que es hora de dar el paso, de dejar atrás el desencanto y los acordes menores, de tratar de hacer ese relevo generacional, de no pedir perdón por hacer pop, ni buscar coartadas. Y que sea lo que dios quiera.

 

Yo, como decían los Planetas cuando aún eran ingenuos, prefiero estar muerto que aburrirme así, quiero probar algo nuevo (aunque lo nuevo sea al final más viejo que tebeo).

 

Revisión (Pop y psicósis)

 

 

 

Por deformación profesional, la relación entre la psicósis y el arte siempre me ha interesado. Muchas de las grandes revoluciones artísticas han tenido como protagonistas a individuos que pudieron padecer en algún momento trastornos psicóticos. Ocurrió en la pintura con Van Gogh, en la arquitectura con Gaudí, en la literatura con Joyce o en el teatro con el catártico "El teatro y su doble" de Antonin Artaud. Las obras radicales de estos artistas produjeron enormes cambios en sus respectivas disciplinas, pero muchas veces de forma tardía, habiendo recibido antes el rechazo debido a la extrañeza que aquellas propuestas generaban en sus coetaneos.

 

En este sentido, la música popular no ha sido una excepción. Sin detenerme en el difícil tema de la exactitud diagnóstica, a nivel artístico hay algo en común en las aportaciones de músicos que padecieron en algún momento un trastorno psicótico. Jean Dubuffet ya señalaba, al hablar del Art brut, el común en las manifestaciones artísticas de los niños y los locos.

 

Esa mezcla de ternura y fragilidad, de desnudez casi insoportable, la temática infantil, incluso una cierta forma de interpretar lo que se canta, se encuentra de alguna manera presente con distinta suerte, en la obra de grupos tan distintos como 13th Floor Elevators, Beach Boys, los primeros Pink Floyd, Television Personalities o de autores como Daniel Johnston. 

Hay algo de rupturista y genuino en sus obras, ya sea en las ideas de meter timbres de bicicleta y ladridos de perro en una grabación (en ese disco del que se dijo que no lo escucharían ni las mascotas, y que aún hoy es uno de los discos menos vendidos, que no menos benditos, de los Beach boys), en hacer punk "a tiempo parcial", como hizo Dan Tracey, en jugar a las cartas con Satán, como Daniel Johnston o dedicar una canción a una bicicleta, como hizo Syd Barret, antes de despedirse de sus compañeros de Pink Floyd, que lo más probable es que nunca quisieron que ojalá estuviera allí, aunque así lo dijeran.

 

El triste final de muchos de ellos es quizá la muestra del absurdo de esa idea romántica de la locura como motor para la creación. Brian Wilson creía recibir mensajes directamente de Dios mientras grababa el Pet Sound antes de ser diagnosticado de un trastorno esquizoafectivo tras varias décadas de alucinaciones, autodestrucción y terribles depresiones. El mismo diagnóstico que fue asignado a Daniel Johnston, que en una ordalía en su lucha contra Satán estrelló la avioneta en la que viajaban él y su padre. Dan Tracey ha pasado años en paradero desconocido, vagabundenado y viviendo bajo cartones, Syd Barret a penas fue reconocido por sus viejos compañeros cuando apareció por sorpresa en el estudio en una grabación de Pink Floyd tras años alejado de todo contacto social y Rocky Erickson quedó muy deteriorado tras sufrir un largo tratamiento con terpia electroconvulsiva para su esquizofrenia paranoide. 

Los caóticos conciertos que aún dan Television Personalities o Daniel Johnston, donde a penas son capaces de tocar sus propias canciones (ni si quiera las recuerdo, dice él mismo en el documental "The devil & Daniel Johnston") son un ejemplo de que la enfermedad dejada a su libre evolución lo que acaba haciendo es destruir el talento y la obra como, literalmente, hiciera el escritor Gogol, cuando en pleno delirio quemó sus manuscritos. 

Eso no quita que la capacidad de romper con las reglas previas, de ser visionaros, de alcanzar esa hermosura quebradiza, infántil, pura, no haya dado muchos de los mejores momentos de la historia de la música. Como final feliz queda la exitosa gira de conciertos de Wilson que culminaría en la espectacular reedición del "Smile", la vuelta al ruedo de Rocky Erickson junto a Okkervil River con el disco "True cast out all evils" este 2010 o el sentido homenaje a Johnston en el documental sobre su vida, tras ser reclamado durante años por gente como Kurt Cobain, Yo la tengo, Wilco, Flaming Lips, nuestros Punsetes (con su versión "Ciudad infernal"), o incluso el creador de los Simpson, Matt Groening.

El misterio y la magia de estas figuras siguen generando una enorme fascinacion en nosotros, los neuróticos, que solo podemos soñar con arañar el arte, mientras ellos pueden hacerlo girar ciento ochenta grados. 

En un mundo tan pequeño

 

Alborotador Gomasio.

 

40931_148475065182824_100000609946741_285955_5621732_n.jpg image by absurdista

 

Voces en el desierto

 

Es difícil separar a Alborotador Gomasio de las figuras que se esconden debajo de las composiciones. No mentiría si dijera que David Ripoll y Marco Antonio Corrales han tenido gran parte de la culpa de muchas de las cosas que están pasando hoy en Madrid, al estar detrás no sólo de este grupo sino de otras muchas iniciativas (Starsky records, Aplasta tus gafas de pasta, Contempopranea twee) que tienen en común haber apostado siempre por mantener una filosofía y ser fiel a ella, y esto es algo de lo que el pop venía estando falto.

 

Y separar su música de su discurso no tendría sentido, porque esa posición ideológica es parte de Gomasio, como era parte de grupos como McCarthy o sus adorados Urutsei Yatsura, de sellos como Sarah records o de organizaciones como Factory/The Haçienda. Y estos están en la memoria colectiva porque, además de una filosofía, detrás había música, y de la mejor. 

 

Y no hace falta apartar sus ideas de su música por que se deben la una a la otra, pero podría hacerse, porque su posicionamiento no es una coartada. Como en los casos anteriores, esa manera radical de entender la música, de vivirla y de tratarla como algo aún necesario puede enriquecer su propuesta, pero no es condición sinne qua non para disfrutar de ella, por que las canciones se explican por si solas. La anecdota puede ser que clamen extraditar a Franz Ferdinand y lo real es que los Stooges se asoman debajo, la anecdota es que se rian de los modernos, y lo real son las melodías, las letras de descarnado romanticismo, la renuncia voluntaria a esconderse tras el cinismo o refugiarse en el tan recurrido feísmo a postas. Aquí lo que se busca es hacer una canción pop perfecta, y se quedan cerca en temas como Las tuberías o Verano a oscuras, por poner dos ejemplos. 

 

Si hay gente que los odia, como decía su antiguo compañero Daniel de la Mancha, es porque han dejado de un lado los clichés, el postmodernismo y el chiste fácil y eso es hoy en día, una apuesta arriesgada. Pero, como una vez oí decir a Nacho Vegas (entonces aún no era una figura mediática ni había ido de la mano de rosenvinges y bumburys): "no lo olviden, los que reclaman a los músicos no son los periodistas, son los otros músicos". Y los otros grupos estamos del lado de Alborotador y de toda la historia que hay detrás.

 

Romanticismo e ideología. Quizá suene ridículo, pero esas dos cosas han sido el motor de las grandes revoluciones del pop, de todas ellas. Y volverán a serlo, no me cabe duda, aunque quizá los padres del invento se hayan cansado de esperar para entonces. Tampoco sería la primera vez que ocurre, esperemos que no sea el caso.

 

http://www.myspace.com/alborotadorgomasio

Un disco

 

Boo radleys - Giant steps (1993)

 

 

En su momento laureado de forma casi unánime y luego más bien olvidado, Giant Steps sigue siendo, en mi opinión, uno de los mejores discos de pop de todos los tiempos, por dos razones principales: Primero porque es un digno continuador de clásicos indiscutibles del pop psicodélico preciosista de los sesenta, como el "Forever Chages" de Love, el "Revolver" de The Beatles y el "Pet Sound" de Beach boys, y segundo, y lo más importante; porque no se queda ahí y da, como dice el título, un paso de gigante, al incorporar y hasta culminar un sonido tan de su tiempo como es el shoegazing.

 

Si el noise como estilo diferenciado surge a partir de precursores como Sonic Youth o Jesús & Mary Chain, y se convierte en género con el llamado shoegazing, dos discos son los que, en mi opinión, llevarán el estilo a su máxima depuración. Uno es el "Loveless" de My Bloody Valentine que apuesta por extremar la propuesta hasta que el ruido sea una atmósfera, y otro es éste, que amplia la paleta de colores más allá de lo que cabría esperarse de los autores de discos canónicos del género, como Everything’s Allright forever.

 

La ambición y apertura de miras de su principal compositor, Martin Carr, que decide que el grupo se haga cargo de las labores de producción como hiciera aquel otro iluminado, Brian Wilson; tiene mucho que ver con el resultado, casi ya desde la elección de título, un homenaje a John Coltrane, y a la vez una declaración de intenciones de cabo a rabo.

 

De esta forma, el disco es más de una hora de viaje por el color y el ruido. Y el cabe todo, el pop de guitarras pluscuamperfecto de “I hang suspended” o “Wish i was skinny”,  que no palidecerían ante la mejor canción de Teenage funclub, el reagge reptante, preñado de noise oscuro de “Upon 9th and fairchild”, el inicio dub de “Lazarus” que acaba en  una explosión de vientos y rock galáctico, el pop sinfónico que se va volviendo casi free jazz de “Thinking of ways”, la estructura mutágena a lo Mercury Rev de “Buterfly McQueen” o la base electrónica (que tanto interesaba por aquel entonces al otro héroe del noise, Kevin Shield) de “Rodney king”. Todo cabe y todo encaja como piezas de un enorme puzzle, las guitarras cristalinas y las cabriolas de feedback desbocado, la psicodelia y los arreglos de vientos jazzy, las melodías exquisitas y los juegos de voces tan Pet sound, la instrumentación orquestal tupida y la capella, el ruido y el silencio. para acabar el disco está el cándido homenaje a la escena shoegazer que es “The White noise revisited”, con colaboración de algunos miembros de aquellas bandas, y que se permite, curiosamente, prescindir del ruido en su desarrollo. De esta manera se cierra una obra mayúscula con la que el oído no puede descansar un segundo, que gana con el tiempo y que no ha sido repetida.

 

http://www.youtube.com/watch?v=m0VAe1C6GAk&feature=related

 

http://www.youtube.com/watch?v=3syHCPMJucM&feature=related

 

http://www.youtube.com/watch?v=mZ5QTt-36jc

Una canción

  

 

Codeine - Loss leader (del disco The white birch. 1994)

 

Loss leader, losing sight of the shore
Can't take this lost loop anymore, anymore
Water, running down
Water, running down

Now things taste kind of bitter
Two muddy shoes, far from home, far from home
Water, running down
Water, running down, running down

And as I walk back
I feel the moon against my neck

Loss leader, losing sight of the shore
Can't take this lost loop anymore

 

http://www.youtube.com/watch?v=QbySAB2NFZU

 

El sentimiento de pérdida, la necesidad de un guía. Lejos de casa, lejos de casa.

Revisión (This is Hardcore)

 

 

Yo no soy muy aficionado al hardcore, y no lo he sido nunca. Todo lo que he escuchado relacionado con este estilo, que al final ha sido mucho, lo he hecho de forma colateral. Pero hay algo fascinante de este movimiento surgido en America y muy distinto al punk inglés, más coyuntural y con ello más efímero.

 

Aunque todo el mundo asocie el punk a los Sex Pistols, éste nace mucho antes, cuando grupos como los Ramones, o el exiliado de Television Richard Hell, rompen con los derroteros por los que va la música rock, en su camino sinfónico, y abogan por prescindir de arreglos y punteos y desarrollar una música más inmediata, despreocupada, adolescente y gamberra, tomando como referentes a viejos “enfant terribles” de la música americana, como Stooges, New York Dolls o la Velvet Underground. Luego Malcom McLaren haría el agosto en las islas tratando de reproducir el modelo original, sobre todo desde su lado más estético.

 

El caso es que en el nuevo continente, el punk seduce a los adolescentes, progresivamente se dota de una motivación política e ideológica, de la que carecían los seminales Ramones, por ejemplo, y se extiende mediante una red de locales y grupos por toda Norteamérica, desde finales de los setenta hasta su eclosión en los primeros ochenta.

 

Todo esto lleva al desarrollo de lo que se llamará la música hardcore, con grupos como los Black Flag, en California, Hüsker Dü y the Replacements en Minneapolis, o Minor threat en Washington D.C.

 

Cuando leo las inocentes proclamas políticas de Henry Rollins o el joven mesias del hardcore Ian McKaye y las traduzco al español, no puedo dejar de sonreír con ternura, pero lo que este movimiento consiguió no tiene que ver sólo con los ideales de juventud y la política antisistema, ni si quiera con la lucha por los conciertos para todas la edades, el "do it yourself", la filosofia "straight edge" o el precio mínimo en las portadas de los discos. A nivel artístico creó toda una escena estatal de la que surgió mucha de la música más interesante de las décadas de los ochenta y los noventa.

 

Porque el hardcore acabó siendo algo muy extenso y variopinto. Al hardcore se adscribió el autístico J Macis y el airado Lou Barlow para desarrollar el discurso noise de Dinosaur Jr. antes de rendir tributo a Neil Young el uno ("Feel the pain", de J Macis) o desarrollar el low-fi del que luego beberían Pavement o Guided by voices, el otro.

 

Del hardcore salieron los Flaming Lips y su psicodelia technicolor, y como titularían en un recopilatorio de rarezas “finalmente los punks tomaron ácido”, aunque también lograron que su canción "She don’t use jelly" sonara en un capítulo de Sensación de vivir.

 

Del hardcore salió el psicópata de Steve Albini, que tras sacar varios de los discos sonora y temáticamente más salvajes de los ochenta con Big Black ("no hay nada que hacer en este pueblo ¡prederme fuego!", gritaba en "Kerosene") siguió experimentando con el ruido y las vísceras con Shellac y produjo algunos de los mejores discos de la siguiente década, como el "Rid of me" de PJ Harvey o el "In Utero" de Nirvana.

 

Del hardcore salieron esa panda de freaks que dejaron una estela hoy infinita llamados Pixies, y que ya en su primer disco, producido por el propio Albini, sentaron muchas de las bases de la música de los noventa. De la escena hardcore surgieron los emblemáticos Sonic Youth que aún hoy continúan construyendo su tesis sobre el ruido blanco. Del hardcore salieron Minutemen, salieron Bad Brains, que luego influirían en el Crossover de Red hot chili Peppers, Faith No More o Fishbone, salieron Meat Puppets, salió todo lo que J Macis llamó la “Freak scene”.

 

Del hardcore surgió luego el grunge (se decía que el grunge se basó en su inicio en las tres B negras del rock, Black Sabath, pero también Black Flag y Big Black), primero con grupos como Tad, Mudhoney o The Melvins y luego, con Nirvana, cuyo final de cuento ya todos sabemos.

 

Pero el hardcore acabó deparando muchas sorpresas. Replacements acabaron homenajeando a Alex Chilton (“Alex Chilton”), Bob Mould tras dejar Hüsker Dü formaría Sugar y sacaría una de las canciones de pop más redondas de los noventa, "If i can’t change your mind" a la que guiñarían los planetas en la letra de Brigitte.

 

Ian McKaye formó Fugazi, y llevó el lenguaje del hardcore hasta el límite de la sofisticación del grito, el golpe y la pausa. Luego, además, McKaye nos regalaría maravillosas canciones con su concepto del pop desde el minimalismo, con de The Evens.

 

Y del hardcore derivó gran parte de la música interesante de los noventa, prácticamente todo el post rock desde la vertiente jazzy de Tortoise hasta la ruidosa de Mogwai, el hoy denostado emo, que nació con grupos enormes como Seam o Sunny Day Real Estate, el slowcore desmembrado y doliente de Slint y Codeine, el pop de vanguardia de The Sea and Cake, los desgarrados Come, el ensayo sonoro de Gastr del Sol, e incluso, posteriormente,  el dance físico de LCD soundsystem, que citaría en "Losing my Edge" a ignotos del género como Nation of Ulysses. También tendría su repercusión en España, sobre todo a través de B core con gente como Standstill, Aina, Madee, Corn Flake o A room with a view, que luego han derivado en propuestas tan diferentes como Ensaladilla Rusa, Nueva Vulcano o The New Raemon e influido en otras que a priori nada tenían que ver, como Manos de Topo, Charades o el Guincho.

  

En definitiva, el hardcore, más allá de los estandartes de sus incios, vulgarizados hasta el horror, acabó por crear una escena que permitió, a través de sus multiples diversificaciones, contaminar mucha de la mejor música reciente, sea cual sea el género.

 

http://www.youtube.com/watch?v=Fmx6XfA9CrE

¡Diatriba! (una generación en busca de biógrafo)

 

 

 

Recientemente, un iluminado Absurdista clamaba en el foro de Aplasta tus gafas de pasta la necesidad de devolver el espíritu independiente al indie( http://aplastatusgafasdepasta.blogspot.com/2010/10/como-crear-un-espiritu-combativo-en-el.html#comments ) y yo tomo el relevo donde él lo dejó.

 

Algo ha pasado desde la generación de los noventa hasta ahora que ha hecho naufragar todos los intentos de relevo generacional. La pregunta "¿realmente fueron tan buenos los ochenta?" se ha hecho muchas veces, y no pocas veces se ha respondido "los noventa fueron aún mejores". Sin ir más lejos, este debate se sostuvo en los comments de la página JNSP, donde participaban algunas de las más "eminentes" mentes pensantes del underground (entre los comments se ven a Betacam, Raul Querido, los de la página de la Fonoteca y AstreDuPop, incluso yo mismo)

http://jenesaispop.com/2010/07/14/debate-sobre-el-estado-de-la-nacion-pop-2010/

 

Pero la pregunta que yo me hago es "¿fueron tan buenos los noventa?":

 

Mi tendencia natural hubiera sido decir que sí. La mayoría de mis grupos favoritos desarrollaron su carrera en esa época: Sr. Chinarro, Los Planetas, Surfin' bichos (aunque nacieran a final de los ochenta), Penelope trip, Nosoträsh, Beef. Pero también hay que hacer el esfuerzo de recordar como llegaron a gustarnos esos grupos, y la respuesta no es sólo que sean buenos (que lo son), de la misma forma que no sólo se habla de los ochenta por que había buenos grupos (que los había a montones). Existe un contexto.

 

Uno de los contextos evidentes del indie de los noventa es que la revista Rockdelux  hizo de portavoz generacional. No voy a decir que siempre hablara bien de ellos, ni que hablara bien de todos ellos, pero transmitió a adolescentes meditabundos, como era yo, que algo pasaba más allá de Fernandisco. Y mi caso es, al final, el de mucha otra gente.

 

Y acostumbrarme al vibrato de Jota o a la parrafada surrealcostumbrista de Antonio Luque no fue tarea fácil. El caso es que esa sensación de paladeo exquisito, reservado, esa mitología escrita, esa cronología, esa descripción del contexto, las giras, los primeros bénicàssims, los sellos secretos, los singles compartidos, las historias de ufana camaradería, ejercían sobre mi un poderoso magnetismo.: "Si está escrito es que en realidad debe estar pasando".

 

Si uno escucha el primer disco de Exterminator Jr., el primer grupo de Nacho Vegas, antes incluso de Manta Ray, verá que es un ejercicio de estilo al que uno puede verle más o menos gracia, pero que desde luego, no fue un antes y un después en la música. Pero de aquellos polvos vienen estos lodos, y a esa generación se le concedió la venia de dejarles desarrollar su discurso, se decidió permitir a J plagiar a destajo o a Chinarro cantar partes de sus disco fuera de tono. Se decidió elogiarlos incluso aunque cantaran inglés sin saber inglés (o incluso en una lengua inexsistente, caso de Tito Pintado en Penelope Trip), cosas todas ellas que yo ahora adoro, pero que en su momento me costó un esfuerzo asimilar.

 

Pero ¡ah, el contexto!, en definitiva así ha sido siempre, ¿o es que uno no se arroja sobre En el camino de Kerouak o sobre el (en mi opinión insoportable) Almuerzo desnudo de Burrough sin estar embebido de historias sobre el movimiento beatnik, el malditismo, las drogas, el jazz y la juventud efervescente? Yo devoré discos de la Velvet despues de leer sobre ella y lo mismo me ocurrió con Joy Division. Sin conocer su historia, posiblemente lo extremo de sus propuestas me hubiera rechinado igual que rechinó a sus coetaneos.

 

Y ocurre eso, las generaciones venideras nos hemos quedado sin biógrafo, y quizá por eso han ido naufragando las propuestas o resultando algo raquíticas las continuaciones. El problema es que si no se habla de lo que pasa, si no se explica cómo nacen las cosas, cómo surgen, todo es más difícil, el oído se vuelve más perezoso.

 

En la RDL de este mes hay amplios reportajes sobre Gonjasufi (que define como psicodelia y hip hop de vanguardia), La mala Rodriguez y Meredith Monk (una vocalista experimental de casi setenta años)... no me malinterpreten, creo que RDL sigue siendo una revista muy seria y bien facturada, a la que amo y odio como siempre la amé y odié. Solo digo que no la veo interesada en retratar a mi generación, posiblemente igual que Diego A. Manrique no tuvo interés en retratar a la generación de los noventa.

 

¿Y qué nos queda? Jenesaispop ha hecho tímidos intentos de reflejar lo que sucede hoy, pero de alguna manera sus intereses son, como los tiempos de hoy, demasiado amplios. A veces parece que parte de su esfuerzo se girará hacia los nuevos grupos, como demuestran incursiones en sus listas y artículos de gente como Dotore, Autócratas, Cosmen Adelaida, Ornamento y Delito o Aias, y también algunas citas a pié de página de otros grupos más, pero aún siguen siendo pequeñas motas de polvo entre los novios de Amy Winehouse y las fotos de M.I.A.

 

Algo esperanzador, al menos, es que muchos de los grupos del underground actual, la mayoría sin discos, fueran citados este año en su resumen anual del pop actual, una importante diferencia con respecto a lo que relataba un año antes.

 

http://jenesaispop.com/2009/05/13/debate-sobre-el-estado-de-la-nacion-pop/

 

Yo les animo a sumergirse más, a hacer de cronistas. El espacio en internet, a diferencia del papel impreso, es infinito y M.I.A puede aún dejarnos algún sitio a los demás. 

 

Yo no sé si los grupos actuales son, o somos (o lo más importante, serán o seremos) mejores que los Planetas. Muy posiblemente nunca lo seamos, pero quizá dejemos alguna estela si tenemos un poco de suerte. Tendremos que encontrar a un biógrafo para que esto tenga sentido, para que la música que se hace hoy pueda sobrevivir. Porque a fin de cuentas, con la oferta mediática más sobresaturada que nunca, aún hace falta gente que recomiende cosas, grandes púlpitos donde se anime a la gente a abrir sus oídos. 

 

Porque yo en los noventa no solo escuché a los Planetas, y por eso aún recuerdo con cariño a Patrullero Mancuso, Cancer Moon, Amphetamine Discharge, Mil dolores pequeños, Maddening Flames, Juniper Moon, El inquilino Comunista, El regalo de Silvia, Paperhouse, Privata Idaho, Killer Barbies, Undershakers, Pequeñas cosas furiosas, Silvania... y los escuché porque alguien me lo contó.

En un mundo tan pequeño

 

 

El mago Howl

 

Ver todas las fotos | El mago Howl

 

 

Escribir sobre gente que conoces es difícil, porque uno siempre teme tender hacia lo hagiográfico y fijarse solo en las virtudes, y poco en los defectos. Pero como mi idea es que una de las secciones fijas sea hablar de grupos pequeños que me gustan, al final hablaré de la gente que conozco. A fin de cuentas, la mayoría de las veces, conocí sus canciones antes de conocerlos a ellos.

 

El mago Howl es de esos grupos que tienen la capacidad de manejar las palabras sencillas sin que queden ridículas. Eso en español no lo han conseguido tantos, quizá Family, quizá Nosoträsh a veces, quizá también los menos conocidos Autofans. Por eso no puedo sino rendirme ante estas canciones de quebradiza fragilidad y arreglos exactos, donde cada coro, cada guitarra, cada golpe de percusión está en su sitio y no sobra nada, de manera que, como Zidane, hacen lo complicado sencillo.

 

De esta forma, palabras y melodías consiguen, tan suavemente, dar esa dulzura melancólica y chejoviana a Mijail, esa amargura estremecedora a El amor de los insomnes, que me recuerda a la vez a Codeine y a Luis Llach. Y así, canciones como Mr. Revercomb, cantada por Ángela Rubio, (Lois Casino) se impregnan del espíritu de su autor, espíritu que ya estaba en Aeropuerto, preciosa canción sobre esos lugares donde complejos aparatos, grandes como castillos, vuelan como pájaros. Y Ricardo, como en la película de Miyazaki, seguirá con sus juguetes y aparatos, llevándonos de un sitio a otro. Su música, posiblemente, la descubrirás cuando el polvo de las estanterías diga que no tienes nada más.

 

http://www.myspace.com/elmagohowl

Una canción

 

 

 

 

XTC - This Is Pop? (White music. 1978)

In a milk bar and feeling lost
Drinking sodas as cold as frost
Someone leans in m' direction
Quizzing on my juke-box selection
What do you call that noise
That you put on?

This is pop
Yeah Yeah!

This is!

On a walkway and moving fast
All I get is transistor blast
Someone leans in my direction
Quizzing on my station selection
What do you call that noise
That you put on?

This is pop
Yeah yeah!

This is!

We come the wrong way
We come the long way
We play the songs much too loud

This is pop
Yeah yeah!

http://www.youtube.com/watch?v=rI1PDNUk9QU

 

Una cancion que se pregunta a sí misma si es pop es un buen comienzo para segun que debates. XTC, como otros grupos de rasgos clásicos en la era punk, se quedaron un poco descolocados y por eso quizá su éxito entonces fue bastante escuálido. Para cuando las generaciones posteriores les reclamaron, el pobre Andy Partridge, que padecía una neurosis obsesiva severa, ya había abandonado los escenarios tras sufrir varias crisis de pánico en directo. Afortunadamente él y su fiel escudero Colin Moulding siguieron (y de hecho siguen) sacando discos y su jugosa recopilación de singles Fossil Fuel demuestra que su carrera no ha sido valdía. Aprovechando entonces la coyuntura para seguir definiendo los derroteros de este blog, contestaré a la pregunta: ¿Es esto pop? Esto es pop.

Todo movimiento precisa de un manifiesto (a la búsqueda de la coartada situacionista)

Hace unos años tuve un fotolog con este mismo nombre, en el que básicamente, ponía canciones que me gustaban, con la letra, el disco y el año de publicación y un conciso comentario personal.

Con los años, facebooks y twitters devoraron el fotolog como las cintas VHS devoraron el beta y yo, a pesar de no tener ni treinta años, no supe captar el zeitgeist. El facebook me parecía una cosa embarullada y antiestética y el Twitter, un messenger en abierto. En ambos me resultaba muy difícil desempeñar mi tranquila y autocomplaciente actividad. 

 

De esta forma me quedé posicionado en la negación, como un octogenario de provincias o el Bartleby de Melville. 

 

Crítica a fotolog y myspace

 

Muchas veces he sostenido el debate sobre por qué el Fotolog sí y el facebook o el twitter no, cuando el fin último, la autoexposición, es tan parecido. La respuesta es la misma respuesta a la pregunta de por qué he disfrutado más de las canciones que bajaba con el Napster que de la actual bajada masiva de archivos por megadownload, un asunto de cantidad.

De cantidad de información, en este caso, de la información recibida (demasiadas cosas en muy poco tiempo) y de la que se supone que debo enviar a otros (mucha información en pocas palabras). Yo soy más de la tradición de la novela rusa, lo que viene a ser una dificultad general para la sintesis. Así que, a pesar de mi tendencia innata al egocentrismo y a la vomitera de opiniones, me he visto durante años sin plataforma desde donde lanzar mis mensajes en botella al inabarcable mar de internet.

 

Y entonces ¿qué sentido tiene abrir un blog a estas alturas?, a fin de cuenta es un formato que existe desde hace años y que podía haber usado ya antes. Por otro lado, poco voy a aportar a lo ya existente. Entonces... ¿por qué? Casi siempre las preguntas vagas tienen respuestas muy concretas. Tres hechos o circunstancias me han catapultado a esto:

 

La primera de ellas es que estoy viviendo actualmente en una ciudad extranjera, lejos de amigos y familiares, por lo que dispongo de mucho tiempo libre en soledad. En resumidas cuentas, que me aburro.

 

La segunda tiene que ver con el amor. Y es que antes de marcharme de la ciudad donde vivo, Madrid; estaban pasando muchas cosas alrededor de la música y me han vuelto a entrar ganas de escribir sobre música otra vez, sobre la música que hago, que escucho y que amo.

 

La tercera y última tiene que ver con el odio, y es que recibí recientemente una despiadada crítica via Twitter, y yo, que soy un tipo airado, fácil de herir en el ego y tendente a exigir satisfacción como duelista decimonónico, quise constetar y no pude. La frustación y el enfado es quizá, al final, la que me ha llevado definitivamente de nuevo a esto de opinar. Y puesto que he vuelto, opinaré.

 

Lo que nos lleva al manifiesto: En definitiva quiero hablar sobre música, sobre canciones, sobre discos, sobre grupos, sobre escenas, sobre años en que se hiceron muchos discos y canciones magníficas, sobre alguna cosa más, pero poco. Desde la defensa irracional y subjetiva de lo que me gusta, que es mucho más sano y divertido que hablar de lo que no me gusta.

 

Hace años empecé mi fotolog con la canción: Horsin' around, de Prefab Sprout

 

 

Pues nada, con esta canción doy por bautizado el blog.

Acerca de tradicionalcancioneru

La revolución en el pop no será televisada

Suscríbete

RSS | Atom

Contacto

Contactar

Albergado en:blogspot.es

Noticias: Noticias

Contador gratis contadorplus.com